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lunes, 25 de agosto de 2025

MENSAJE DE LOS OBISPOS PARA EL DIA MUNDIAL POR EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

 


Semillas de paz y esperanza en la casa común es el título del mensaje de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Acción Caritativa y Social para el Día mundial de oración por el cuidado de la creación 2025, que la Iglesia celebra el 1 de septiembre. Nos unimos a la celebración del Tiempo de la Creación, que comienza con esta Jornada, y se cierra el 4 de octubre, día de san Francisco de Asís, patrón de la ecología.

Este mensaje invita a reflexionar sobre la justicia, la paz y el cuidado del planeta como dimensiones inseparables de la fe cristiana. Destaca la Palabra de Dios,  en donde la paz implica salud, armonía comunitaria y plenitud espiritual. Es un don de Dios presente en el Reino, pero también una tarea que debe buscarse junto con toda la creación, puesto que está amenazada por conflictos y el deterioro ambiental.

Los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco señalaron que esta crisis es principalmente moral, causada por el consumismo, el hedonismo y la pérdida del respeto por la dignidad humana y la naturaleza.

La ruptura con la armonía en la creación que supuso el pecado afecta tanto al corazón humano como a la tierra, como advierte el profeta Oseas: “Si el hombre no está en paz con Dios, la tierra tampoco está en paz”.

Este es el enlace para leer el mensaje de los obispos, junto con el del Santo Padre y algunos materiales litúrgicos.

lunes, 31 de agosto de 2020

LA ADICCIÓN A LA PORNOGRAFÍA (primera parte)

 

La pornografía se caracteriza en nuestros días por ser fácilmente accesible, de manera anónima, asequible y además aceptada en algunos sectores de la sociedad, en aras de una supuesta libertad ("yo puedo hacer lo quiera", "no hago daño a nadie" etc...).

Lo cierto es que la pornografía on line produce modificaciones en la vida de la persona. Algunos datos interesantes nos dicen que el 34% de usuarios de internet han sido expuestos sin haberlo solicitado y aumenta la infidelidad matrimonial en un 300%. Se asocia con más agresión verbal y física en ambos sexos y se observan distintos niveles de consumo: eventual, periódico y adictivo. Todos son perjudiciales, sobre todo los dos últimos, considerados de alto riesgo para nuestra salud.

El efecto que crea el porno en el cerebro es igual al del consumo de drogas, produciendo dependencia y tolerancia y puede cambiar el comportamiento ya que se llega a no ser capaz de reaccionar con un estimulo natural, por ejemplo, una caricia o un abrazo, de tal manera que se prefiere ver pornografía a relacionarse con una persona real.

Al igual que con otras sustancias tóxicas, para obtener un mismo efecto se va haciendo necesaria más cantidad. En el caso de la pornografía se necesitan cada vez formas más exageradas ya que su versión "normal" o " clásica" llega a no causar excitación. Es aquí donde tienen su origen algunos casos de desviaciones sexuales como el consumo de pornografía infantil.

Pero no solo afecta al cuerpo. Es una mentira, una sexualidad irreal que destroza el amor, deteriora la vida sexual puesto que se busca lo imposible (lo que se ve en una pantalla y que no se corresponde con la sexualidad humana real), daña a la pareja y conduce al aislamiento. Además, detrás de las imágenes, hay seres humanos que sufren, por ejemplo, con la trata de personas y la pornografía infantil; conduce a la violencia porque la erotiza, distorsiona la sexualidad, se aceptan ideas distorsionadas de la realidad y la sexualidad en el ser humano queda dañada.

Continuará...

martes, 18 de febrero de 2020

LA FORMACIÓN DE LOS LAICOS


Dentro del Congreso de laicos celebrado el pasado fin de semana se encuentra esta ponencia sobre la formación de los laicos para la evangelización en la Iglesia actual.

miércoles, 12 de febrero de 2020

QUERIDA AMAZONIA

Esta semana ha sido publicada la Exhortación Apostólica post-sinodal sobre la Amazonia. El documento traza nuevos caminos de evangelización y cuidado del ambiente y de los pobres. Igualmente el Papa Francisco desea un nuevo impulso misionero y alienta el papel de los laicos en las comunidades eclesiales.

Para leer Querida Amazonía

jueves, 16 de enero de 2020

PORQUÉ LOS CATÓLICOS NO PODEMOS RECURRIR A LA FECUNDACIÓN IN VITRO




La fecundación in vitro es un procedimiento relacionado con la tecnología de reproducción asistida, mediante el que se da lugar a la fertilización extracorpórea, es decir fuera del cuerpo de la madre. 

Consta de varios procesos:

– Supresión del ciclo natural de la madre: el ciclo menstrual es suprimido con medicación.

– Incremento del suministro de óvulos: se utiliza medicación para promover que los ovarios produzcan más óvulos de lo habitual.

– Se monitoriza el progreso y maduración de los óvulos: se realiza una ecografía para verificar el desarrollo de los óvulos, y se usa un medicamento para ayudarlos a madurar.

– Recolección de óvulos: se inserta una aguja en los ovarios, a través de la vagina, para extraer los óvulos.

– Fertilización de óvulos: los óvulos se mezclan con el esperma durante unos días para permitir que se fertilicen.

– Transferencia del (los) embrión (es): se colocan uno o dos óvulos fertilizados (embriones) en el útero.

Una vez que los embriones han sido transferidos al útero, se deberá esperar dos semanas para saber a través de un examen de embarazo si el procedimiento ha funcionado.

¿Porqué los católicos no podemos recurrir a la FIV?

Independientemente de los riesgos debido a la medicación, hiperestimulación ovárica, embarazo ectópico, etc, no se tiene en cuenta a los otros seres humanos involucrados en este procedimiento: los embriones. Parte de este proceso requiere la máxima producción de óvulos, de forma que puedan ser fertilizados y se puedan generar la mayor cantidad de embriones posible. ¿Por qué? Porque a mayor número de candidatos, mayores probabilidades de obtener embriones que tengan la más «alta calidad».

Dado que en líneas generales la FIV es una técnica poco eficiente, varios de los embriones producidos serán defectuosos y, por lo tanto, desechados. Algunos otros tendrán un mayor potencial de ser viables pero su calidad no será la óptima y solo algunos, o a veces solo uno o incluso ninguno  serán de alta calidad. ¿Qué significa esto? Que para que una pareja pueda dar a luz a un solo hijo, varios habrán sido concebidos; siendo su destino el ser eliminados o congelados, dependiendo de su «calidad» y viabilidad, así como del presupuesto de la pareja para poder pagar el congelamiento temporal de dichos embriones.

En este punto cabe recalcar que la mayoría de las parejas que lo intentan, no lo logran después del primer intento. Normalmente se recomiendan al menos tres ciclos completos de FIV para llegar a un 45-53% de probabilidades de embarazo en mujeres menores de 40 años. Esto quiere decir que, en la mayoría de casos, el número de embriones generados, eliminados y/o congelados debe multiplicarse por tres.

 Para un cristiano, el deseo legítimo de tener un hijo y compartir con este el amor de padres, no puede estar por encima de la destrucción de vidas inocentes, de seres humanos que también son tan hijos como aquel que llegó a nacer.

A esto habría que agregar que las faltas éticas se agravan cuando se considera que muchos embriones son también eliminados a través del llamado diagnóstico genético prenatal. Dado que la FIV  objetiviza al concebido, el embrión se convierte de pronto en una suerte de producto. Sabiendo que los padres han invertido mucho dinero en este procedimiento, lo último que se desea es obtener a un niño enfermo (pues sería como pagar por un producto defectuoso). Por lo que, antes de la implantación de embriones, estos son sometidos a tests genéticos para evaluar si existen anomalías cromosómicas o alguna enfermedad genética de la cual los padres sean portadores; de forma que solo se implantarán aquellos embriones que estén libres de «defectos»… los demás serán desechados.

Asimismo, los avances en la FIV han dado lugar no solo el préstamo de útero, sino que también existe como alternativa el «vientre de alquiler», una opción que es utilizada tanto por parejas heterosexuales como homosexuales. Esta práctica es antiética y por lo tanto muy dañina no solo para el hijo que tiene derecho a nacer fruto del amor de unos padres que se han unido mediante el acto sexual como acto de entrega del uno al otro, y fruto de esa entrega es el hijo concebido, sino también para la madre pues se atenta contra su dignidad de mujer y de ser humano siendo reducida a un papel reproductor previo pago de una cantidad. Más aún, no son pocos los casos en los que dichas mujeres son obligadas a abortar si el bebé presenta alguna anomalía post-implantación, si vienen mellizos y los padres solo querían uno o si el sexo del bebé no es el que los padres esperaban.

Como católicos, tenemos la bendición de contar con el Catecismo que nos da más luces al respecto. en especial los números  2374-2379:

– La Iglesia como madre y maestra, reconoce que grande es el sufrimiento de los esposos que se descubren estériles. Por lo tanto, está a favor y alienta a que se realicen investigaciones que intenten reducir la esterilidad humana, siempre y cuando se pongan al servicio de la persona humana, de sus derechos inalienables, de su bien verdadero e integral, según el plan y la voluntad de Dios. 

– Las técnicas que provocan una disociación de la paternidad por intervención de una persona extraña a los cónyuges (donación del esperma o del óvulo, préstamo de útero) son gravemente deshonestas. Practicadas dentro de la pareja, estas técnicas (inseminación y fecundación artificiales homólogas) son quizá menos perjudiciales, pero no dejan de ser moralmente reprobables, pues disocian el acto sexual del acto procreador.

El hijo no es un derecho sino un don. El don más excelente del matrimonio es una persona humana. El hijo no puede ser considerado como un objeto de propiedad, a lo que conduciría el reconocimiento de un pretendido derecho al hijo. A este respecto, solo el hijo posee verdaderos derechos: el de ser el fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres, y tiene también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción. 

– El Evangelio enseña que la esterilidad física no es un mal absoluto. Los esposos que, tras haber agotado los recursos legítimos de la medicina, sufren por la esterilidad, deben asociarse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual. Pueden manifestar su generosidad adoptando o realizando servicios abnegados en beneficio del prójimo.

La alternativa ética se llama naprotecnología. Es una nueva rama de la ciencia que se enfoca en la salud de la mujer pues se encarga de mantener su salud reproductiva y ginecológica. A diferencia de la FIV, que intenta esquivar el problema de la infertilidad de forma artificial sin solucionarlo, pues si la pareja desea un nuevo hijo, necesitará nuevamente someterse a ese procedimiento, la naprotecnología busca identificar, entender y tratar la causa raíz de la infertilidad de la pareja. Se basa en el método Creighton, que estudia el ciclo menstrual de la mujer y detecta alteraciones en su fertilidad y también observa y estudia la fertilidad del esposo.

De los estudios que se han realizado hasta ahora se desprende que la naprotecnología obtiene más resultados que la FIV.

lunes, 30 de diciembre de 2019

LAS TENTACIONES EN LA MADUREZ CRISTIANA

Muchos cristianos creen que ir a Misa, rezar el Rosario y tratar de vivir una vida cristiana coherente nos exime de las tentaciones. Pero lo cierto es que el demonio redobla sus esfuerzos cuando ve coherencia cristiana en nuestras vidas y utiliza otras estrategias con pensamientos y estados de ánimo que parecen espirituales para poco a poco desviarnos de nuestra relación con Dios.

centrarnos en nosotros mismos

uno de los grandes cambios espirituales en la persona con madurez cristiana es apartar la mirada de uno mismo y ponerla en los demás. Descubrir que hay más alegría en dar que en recibir y que la alegría de la comunión es mucho más grande que lo que pueda ofrecer quedarnos con todo para nosotros. Es muy difícil engañar o inducir a error a una persona que tiene la mirada y el corazón puestos en Dios y en los demás ya que el amor ahuyenta al maligno.

esta es la estrategia base que inspirará las demás tentaciones. El demonio necesita que centremos la mirada nuevamente en nosotros mismos para poder atacar con efectividad. El amor propio desordenado es una enfermedad espiritual que el demonio trata de introducir en nuestra vida de modos diferentes. 

Hacernos creer que la fe es contenido y no relación

La fe cristiana es una vida de relación con Cristo. Una relación que se manifiesta de muchos modos: en lo que creemos, en lo que queremos, en lo que pensamos y en lo que elegimos. Es una fe que informa y enriquece toda nuestra vida porque es una fe viva, fundada en una relación actual y real con el Señor Jesús.

Cuando la vida del cristiano está nutrida por un dialogo amoroso con Cristo, el demonio poco o nada tiene que hacer. Su estrategia, por lo tanto, consistirá en desvitalizar esta relación. ¿Cómo lo hace? tratando de que nuestros pensamientos y sentimientos religiosos empiecen a parecernos más una conquista personal que un don recibido. El objetivo del demonio es hacer de nosotros personas religiosas sin Dios. Querrá hacernos creer que podemos mejorar como cristianos prescindiendo de una relación de amistad con Jesús.

Cuando el cristiano empieza percibirse como el principal autor de su vida cristiana la fe pierde toda la energía y se enfría hasta el punto de convertirse una ideología y cuando la fe se convierte en ideología, aburre; se abre una grieta entre la vida concreta y las creencias. Seremos cristianos bien adoctrinados, asiduos en las prácticas y rituales católicos, moralmente ejemplares… y muertos por dentro.

La satisfacción espiritual

Es fundamental rezar y realizar con amor nuestras actividades religiosas y realizando todo esto experimentemos satisfacción y paz interior. Pero hay un peligro muy sutil: es muy fácil perder el horizonte y empezar a practicar nuestros ejercicios de devoción ya no con el objetivo de acercarnos a Dios y reforzar nuestro amor por Él, sino por el gusto espiritualidad que estas prácticas nos producen. Por lo que nos hacen sentir o por la imagen personal que empezamos a construir a partir de ellas.

¿Cómo podemos saber cuándo nos ocurre esto? El P. Rupnik nos da un excelente consejo: “Es importante estar atentos al proceso de los pensamientos y de los sentimientos en las oraciones y en los momentos espirituales de gran calor e intensidad (…) el enemigo se sirve de una imaginación que tiene por objeto las cosas de Dios, las cosas santas, las personas santas, o bien nosotros mismos, nuestro futuro espiritual, con el fin de suscitar en nosotros convicciones y pensamientos que, o nos hacen protagonistas “sensuales” de la vida espiritual -deseosos sobre todo de esta satisfacción- o bien, nos hacen sentirnos contentos de estar en este camino porque es satisfactorio”. Por experiencia propia, creo que no es difícil darse cuenta de la naturaleza de nuestros pensamientos y sentimientos una vez que nos hemos hecho conscientes de la necesidad de realizar su análisis. Lo difícil es precisamente esto último. Por esta razón la Iglesia recomienda no perder de vista nuestro examen de conciencia.

El apego a las propias ideas o planes

Queremos que nuestros proyectos salgan bien e incluso rezamos para que esto sea así. No tiene nada de malo y Dios también quiere que nuestras empresas evangelizadoras salgan adelante. Sin embargo, el demonio sabe muy bien que el corazón humano a veces se entrega demasiado a los propios proyectos. El hecho de que nuestras obras busquen la evangelización no nos hace inmunes a desarrollar apegos mundanos con nuestro proyectos. Apegos que nos hacen olvidar la centralidad de Dios y su gracia y nos ponen a nosotros como los protagonistas y los héroes indispensables de ese apostolado concreto. El demonio goza cuando logra disfrazar el protagonismo de celo apostólico; por eso nunca está demás poner en las manos del Señor, especialmente en el Sagrario, nuestro corazón y todos nuestros proyectos. Hablar con confianza de cada uno de ellos y dejar que el Señor nos interpele y nos ayude a ponerle siempre a Él en el centro, aunque eso signifique -gracias a Dios- hacer retroceder nuestra hambre de protagonismo.

los justicieros de Dios

Vivimos la pureza, vamos a misa, pensamos como cristianos y ayudamos a quien se cruza en nuestro camino. Por ello, no dejemos entrar a ninguna persona en nuestro círculo virtuoso. ¿Es esta una actitud cristiana? ¡Claro que no! pero enjuiciar y despreciar a los demás por no vivir o pensar como nosotros es una práctica común cuando la vida espiritual no es lo suficientemente madura. Esta es otra gran tentación de la que se vale el demonio, nos hace experimentar el gusto fariseo de ser los justicieros de Dios; aquellos con poder para definir quién vive la fe y quién no. 

Los justicieros de Dios están muy alejados de la mirada de misericordia y amor que Dios nos pide. Es importante que el cristiano que ha caído en esta tentación identifique aquellos juicios condenatorios o aquellos sentimientos de superioridad que le han embotado el corazón y los ponga con humildad a los pies del Dios que no bromeaba cuando decía que las prostitutas y los publicanos precederían a los fariseos en el Reino de los Cielos.

Ocurre cuando nuestra propia interpretación de la fe se vuelve la norma universal para juzgar las reflexión y comprensión que otros tienen de la doctrina católica. Dice el P. Rupnik: “Así las ideas se convierten en idolatría, y siguiendo ese camino se puede llegar a confundir la fe con un filón de pensamiento preciso, con una escuela precisa, incluso con un método preciso, perdiendo así un enganche real con Cristo Salvador”. En el fondo se produce una ideologización de la fe que puede llegar al extremo de descartar cualquier opinión que se oponga a la propia, incluida la voz del propio obispo, la voz del Papa o la del Magisterio de la Iglesia.

Pensamientos conformes a la psicología de la persona

Otro modo que tiene el maligno de introducir el aguijón en nuestras vidas  es el de inspirar pensamientos conformes a las características de la persona; es decir, a quien es valiente le inspirará pensamientos de entrega y coraje, quien es devoto, pensamientos de piedad y mortificación, quien es generoso, pensamientos en la linea de la caridad y la defensa de los pobres, etc. Dice el P. Rupnik: “El enemigo llega a fingir que reza con quien reza, ayuna con el que ayuna, que hace caridad con quien da limosna, para atraer la atención, entrar por las puertas de la persona y después hacerla salir donde él quería llevarla”.

El demonio conoce nuestro mundo interior y lo tiene en cuenta. Es fundamental que nosotros también lo conozcamos y sepamos hacer un fino examen de conciencia con vistas a reconocer dónde crece el trigo y dónde fue sembrada la cizaña. El criterio último de discernimiento debe ser el plan de Dios en nuestras vidas. Hay muchas cosas buenas y santas que podríamos hacer que no son parte de lo que Dios quiere para nosotros. La prudencia debe siempre regular a la caridad.

La falsa perfección

El maligno también es capaz de tentarnos con cosas que podemos superar fácilmente con el objetivo de hacernos sentir personas buenas y luchadoras, con un nivel decente de virtud en nuestras vidas. Advierte el P. Rupnik:“Se cae así en la trampa más peligrosa, la de la soberbia espiritual. No son los hombres los que consiguen vencer al príncipe de las tinieblas, sino que es sólo Dios el que vence, es el Espíritu Santo quien nos comunica la fuerza del Señor de la luz para desechar las tinieblas y vencer los engaños del tentador”. Esta soberbia espiritual va de la mano con la falsa creencia de que somos capaces de vencer cualquier tentación si es que nos lo proponemos. Dios y su gracia salen inconscientemente del panorama del combate espiritual y el terreno queda servido para que el tentador muestre su verdadero rostro. Lo terrible es que el cristiano vencido tratará de recuperarse subiendo por la misma escalera que le permitió alcanzar su pasado grado de virtud; es decir, la escalera del voluntarismo. La oración acompañará sus esfuerzos pero no será el corazón de su combate porque el tentador se ha asegurado de hacerle creer que puede lograrlo por él mismo. 

Lo siguiente será hacerlo abandonar la esperanza de ser ayudado por Dios para finalmente llevarlo a desesperar de su misericordia. El cristiano abandona la esperanza de recibir una ayuda que nunca pidió, y desespera de la misericordia divina cuando su objetivo no fue el perdón, sino recuperar la paz que le producía sentirse bueno y virtuoso. El maligno desubica al cristiano y lo coloca en batallas que perderá.

Es esencial saber que la verdadera perfección cristiana se vive en clave de morir y resucitar constantemente. Se expresa en un amor humilde que nunca se pone por encima de los demás ni se envanece con sus logros o capacidades. No halla paz en la auto contemplación sino en la felicidad de quienes están a su lado. Es una perfección que se sabe profunda y constantemente necesitada del auxilio de Dios porque reconoce su pequeñez ante el misterio del amor al que está llamada. Sus conquistas no las atribuye a sí misma sino que las agradece porque siempre son dones recibidos. 

(Del libro "El Discernimiento" de Marko Rupnik)

lunes, 10 de junio de 2019

DOCUMENTO DEL VATICANO SOBRE LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO


El Vaticano se ha pronunciado sobre la ideología de género en la educación con un documento de la Congregación para la Educación Católica titulado “Varón y mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del género en la educación”. En el documento se explica que “se difunde cada vez más la conciencia de que estamos frente a una verdadera y propia emergencia educativa, en particular por lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”.

El Vaticano advierte que “la desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo, ha contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural”. En este contexto, “la misión educativa enfrenta el desafío que surge de diversas formas de una ideología, llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer”.


Esta ideología “presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo”.

“La visión antropológica cristiana ve en la sexualidad un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los demás, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano”. Por ello, “la Congregación para la Educación Católica, dentro de sus competencias, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada”.

De esta manera, “se quiere promover una metodología articulada en las tres actitudes de escuchar, razonar y proponer, que favorezcan el encuentro con las necesidades de las personas y las comunidades”.

Escuchar. El documento plantea una serie de puntos de encuentro, como “la educación de niños y jóvenes a respetar a cada persona en su particular y diferente condición, de modo que nadie, debido a sus condiciones personales (discapacidad, origen, religión, tendencias afectivas, etc.) pueda convertirse en objeto de acoso, violencia, insultos y discriminación injusta”.

Esta ideología “induce proyectos educativos y pautas legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente libres de la diferencia biológica entre el hombre y la mujer”.

Razonar. En el documento, se presentan una serie de “argumentos racionales que aclaran la centralidad del cuerpo como un elemento integral de la identidad personal y las relaciones familiares”. Recuerda que “desde un punto de vista genético, las células del hombre (que contienen los cromosomas XY) son diferentes a las de las mujeres (cuyo equivalente es XX) desde la concepción”. El proceso de identificación de la persona “se ve obstaculizado por la construcción ficticia de un ‘género’ o ‘tercer género’. 

Proponer. El Vaticano aborda la introducción de la ideología de género en la educación y señala que “sin una aclaración satisfactoria de la antropología sobre la cual se base el significado de la sexualidad y la afectividad, no es posible estructurar correctamente un camino educativo que sea coherente con la naturaleza del hombre como persona, con el fin de orientarlo hacia la plena actuación de su identidad sexual en el contexto de la vocación al don de sí mismo”.

El primer paso para esa aclaración antropológica “consiste en reconocer que también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo”. Explica que “la antropología cristiana tiene sus raíces en la narración de los orígenes tal como aparece en el Libro del Génesis, donde está escrito que ‘Dios creó al hombre a su imagen, varón y mujer los creó’. En estas palabras, existe el núcleo no solo de la creación, sino también de la relación vivificante entre el hombre y la mujer, que los pone en una unión íntima con Dios”. “Esta es la respuesta antropológica a la negación de la dualidad masculina y femenina a partir de la cual se genera la familia. El rechazo de esta dualidad no solo borra la visión de la creación, sino que delinea una persona abstracta que después elige para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya”.

“La familia es el lugar natural en donde esta relación de reciprocidad y comunión entre el hombre y la mujer encuentra su plena actuación”. Hace hincapié en que en la familia “se fundan dos derechos fundamentales que siempre deben ser respaldados y garantizados”. “El primero es el derecho de la familia a ser reconocida como el principal espacio pedagógico primario para la formación del niño”.

El segundo derecho “es el del niño a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva. Seguir madurando en relación, en confrontación, con lo que es la masculinidad y la feminidad de un padre y una madre, y así armando su madurez afectiva”.

El documento del Vaticano explica que “a la acción educativa de la familia se une la de la escuela, que interactúa de manera subsidiaria”. “La escuela católica debe convertirse en una comunidad educativa en la que la persona se exprese y crezca humanamente en un proceso de relación dialógica, interactuando de manera constructiva, ejercitando la tolerancia, comprendiendo los diferentes puntos de vista y creando confianza en un ambiente de auténtica armonía”. “La educación a la afectividad necesita un lenguaje adecuado y moderado. En primer lugar, debe tener en cuenta que los niños y los jóvenes aún no han alcanzado la plena madurez y empiezan a descubrir la vida con interés. Por lo tanto, es necesario ayudar a los estudiantes a desarrollar un sentido crítico ante una invasión de propuestas, ante la pornografía descontrolada y la sobrecarga de estímulos que pueden mutilar la sexualidad”.

Por estas razones, “no se puede dejar a la familia sola frente al desafío educativo. Por su parte, la Iglesia continúa ofreciendo apoyo a las familias y a los jóvenes en las comunidades abiertas y acogedoras”.

Lee el documento aquí

Fuente: Aciprensa

¿IGUALDAD O IGUALITARISMO?


Recuerdo haber escuchado al Papa Francisco dos expresiones que, aparentemente, bien podrían parecer pensamientos contradictorios: “Todos somos iguales a los ojos de Dios”, y, “cada uno de nosotros es único e irrepetible”… Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Somos iguales o somos diferentes? ¿Hay que apostar por la igualdad o por la diversidad?

Es curioso, porque así como en las últimas décadas del siglo pasado, lo que ‘se llevaba’ en Occidente era la diversidad y la pluralidad; en estos inicios del siglo XXI, la igualdad es el valor en alza. Las tendencias culturales se caracterizan (me atrevo a añadir que, por desgracia), por la llamada ‘ley del péndulo’. La diversidad fue reivindicada en un tiempo, como un grito de libertad frente a una tradición que se percibía como impuesta por nuestros antepasados. En ese contexto, el pensamiento relativista caracterizó el movimiento reivindicativo de la diversidad. Pero, llegado un determinado momento, cuando la cultura alternativa pasó a ser la dominante, el relativismo dio paso a la dictadura del relativismo; y la reivindicación de la diversidad fue suplantada por la de la igualdad.

Por ejemplo, el escritor ruso Alexander Solzhenitsyn se rebeló contra el intento de imposición del igualitarismo por parte de la dictadura soviética. Frente a un estado totalizante que pretendía imponer un pensamiento único, el literato formuló una expresión especialmente lúcida y de gran valor ético y espiritual: «Los seres humanos nacen con distintas capacidades. Si son libres, no son iguales. Si son iguales, no son libres«. Así mismo, los disidentes del maoísmo chino han sido y siguen siendo reivindicadores de la pluralidad; ya que perciben que el igualitarismo es una coartada para el control social y un camino hacia la esclavitud.

Es triste constatarlo, pero tanto la reivindicación de la ‘diversidad’ como la de la ‘igualdad’, han estado integradas en la estrategia de poder de cada momento histórico; en lugar de ser expresión del deseo de explorar la riqueza de la condición humana.

Sin embargo, más allá de estrategias políticas, desde el punto de vista antropológico, no estamos ante dos aspectos que debieran ser percibidos como antagónicos, sino ante dos valores que se complementan y que deben ser cultivados conjuntamente. Cuando el Papa afirmaba que “todos somos iguales a los ojos de Dios”, se refería a la igual dignidad de todos los seres humanos, independientemente de nuestra cultura, clase social, religión, edad, salud, etc. Ante Dios (o dicho de otro modo, desde el punto de vista objetivo), un enfermo de alzheimer, un indigente, o el nasciturus gestante en el seno materno, tienen la misma dignidad que un deportista de élite o el ganador de unos comicios electorales. Y sin embargo, cada uno de ellos es ‘único e irrepetible’, ya que el ser humano no es ‘reproducido’, sino ‘procreado’ (engendrado en colaboración con el acto creador de Dios). Esto último es clave para entender la razón por la que no hay, ni habrá, en todo el mundo, a lo largo de la historia de la humanidad, dos seres humanos iguales.

Por ello, el humanismo cristiano predica la igual dignidad (al tiempo que la diversidad) de los seres humanos, que –dicho sea de paso— son una condición necesaria para aspirar a la comunión en la complementariedad.

Llegados a este punto, cito dos textos del Papa Francisco que no tienen desperdicio. Frente a la pretensión de desdibujar la complementariedad entre el hombre y la mujer, el Papa afirma: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y mujer. Ésta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia.” (Amoris Laetitia, n. 56). No son de recibo las desigualdades injustificadas entre el hombre y la mujer; como tampoco tiene sentido una indiferenciación irracional.

En referencia al encuentro entre ‘diferentes’ (perfectamente aplicable al reto de la interculturalidad), dice Francisco: “La unidad a la que hay que aspirar no es uniformidad, sino una «unidad en la diversidad», o una «diversidad reconciliada». En ese estilo enriquecedor de comunión fraterna, los diferentes se encuentran, se respetan y se valoran, pero manteniendo diversos matices y acentos que enriquecen el bien común. Hace falta liberarse de la obligación de ser iguales.” (AL n. 139).

En resumen, los vaivenes pendulares de la cultura se mueven entre la reivindicación de la pluralidad y la igualdad. Pero, una cosa es la pluralidad y otra el relativismo; de la misma forma que tampoco cabe identificar igualdad con igualitarismo. El verdadero reto es superar estas falsas dialécticas, por el camino de la comunión (unidad en la diversidad).

La fiesta de Pentecostés ilustra tanto el valor de la igualdad como el de la diversidad. Aquellos doce apóstoles reunidos en torno a María en el Cenáculo de Jerusalén, no podían ser más distintos, y sin embargo, no pudieron vivir una experiencia mayor de comunión en la unidad del Espíritu Santo. Podríamos decir que ‘Pentecostés’ es el ‘antiBabel’. El milagro del Espíritu Santo es lograr la unidad en la diversidad, la sinfonía entre diferentes. La gracia del Espíritu Santo es la comunión, haciéndonos capaces de ‘hablar un mismo idioma’. Todo un reto para nuestra cultura, y en especial para los cristianos, ya que la primera comunidad cristiana nos puso el listón muy alto: “El grupo de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32)… ¡Ven, Espíritu Santo!

(Artículo de J.I. Munilla, Obispo de San Sebastián)

viernes, 7 de junio de 2019

DECÍDETE A CAMBIAR DE ZAPATOS


Dice un refrán popular "dime de qué presumes y te diré de qué careces”. Pues bien, en nuestra sociedad del “buen rollo” existe una alarmante dificultad para sentir compasión y experimentar empatía. Podemos pensar en la popularidad de youtubers que se dedican a burlarse de contenidos ajenos; en el éxito de los jurados de programas como “La voz” o “Got Talent” cuando sus opiniones son sarcásticas o humillantes; o en el tono que se vive en las gradas de los campos de fútbol -profesionales o amateurs-, donde la alegría de la competición amistosa es sustituida a menudo por un clima de confrontación y mal perder verdaderamente irracional.

Nos encanta hablar de solidaridad y empatía, pero tanta palabrería difícilmente oculta la tendencia egocéntrica de nuestra sociedad individualista. Asistimos, pues, a un ocaso de la empatía. Nos cuesta ponernos en la piel del otro; probarnos sus zapatos. Este ocaso de la empatía obedece, al menos, a cuatro causas.

1. La epidemia del narcisismo. Las personas egoístas, obsesionadas con su currículum y su autoimagen, están demasiado centradas en sí mismas como para comprender lo que puede estar sintiendo otra persona. Quien se cree una persona realmente especial y única, lógicamente no tendrá muchos incentivos para intentar comprender cómo se siente “el resto de los mortales”, que no comparte su carácter genial e irrepetible.

2. La omnipresencia de las pantallas. La empatía se desarrolla mirando a los demás, aprendiendo a interpretar un leve gesto, una medio sonrisa, una mirada. Se ha demostrado cómo el hecho de articular nuestras relaciones y conversaciones a través de pantallas reduce considerablemente la capacidad de entender qué le está pasando a la otra persona. Las pantallas, por muchos emoticonos que pongamos, nos hacen menos empáticos.


3. Los modelos que nos presentan los medios de comunicación y la cultura. En los medios de comunicación –programas, series y películas- predominan los modelos triunfadores, competitivos y polémicos. En este sentido, es divertido comparar el héroe de una película de John Ford con el héroe de una película actual: su aspecto, sus reacciones, sus pectorales, sus valores. O comparar las canciones de amor de hace 40 ó 50 años con los temas –¿amorosos?- de Bad Bunny o de Maluma. No somos inmunes a estos modelos, que permean poco a poco nuestra personalidad y nos hacen personas más pragmáticas, hedonistas y egoístas.

4. Clima de competitividad y cultura del éxito. La cultura del éxito y la competición pone un acento especial en el resultado. Hay que triunfar, ya se sabe. Dios no te creó para estar en la media, para ser uno más. Así, no importa tanto el esfuerzo ni el camino recorrido con otros, sino llegar el primero a la meta, el resultado final. Conforme a esta lógica, el triunfador es el niño que saca buenas notas –aunque sea un idiota- o el adulto que tiene una carrera profesional exitosa y lleva trajes de Armani, aunque su vida familiar sea un desastre o no tenga relaciones de amistad significativas y profundas. 

Todos estos factores hacen que, más allá de apelaciones ocasionales a la empatía, hechas muchas veces con un enfoque egoísta, “porque ser empático es rentable social y profesionalmente”, vivamos en una sociedad fría e individualista.

Pues bien, para rescatar la empatía como un verdadero valor social hacen falta personas disidentes, que conformen una verdadera resistencia: la resistencia de la empatía, del cariño y de la ternura. Lo que no equivale a ser infantiloides, ñoños ni blandos. Se puede ser cariñoso y a la vez exigente; humilde y fuerte; tierno y responsable. No nos dejemos engañar por caricaturas distorsionadas y acarameladas del corazón.

La reivindicación de la empatía requiere principalmente reeducar el corazón, para aprender a ponernos más a menudo en los zapatos de los demás. Cada uno podrá contribuir a esta nueva educación afectiva de distintas formas.

– Los medios de comunicación y las personas influyentes, podrán presentar modelos compasivos y humildes, que estén abiertos a los demás y valoren el trabajo en equipo. Retirar un poco el foco de personas, personajes y personajillos ególatras y pagados de sí mismos, y dar más cuota de pantalla a otros líderes más generosos y empáticos.

– Los educadores y las familias, deberían recordar que la clave de la felicidad no es un punto más en la nota media, ni un coche diez mil euros más caro, sino más bien la capacidad de establecer relaciones significativas con otras personas. No insistas tanto a tu hijo en lo trascendental que es sacar buenas notas; repítele que más importante es tener un buen corazón.

– Cada uno de nosotros podría intentar mirar un poco más a los lados y ponernos más a menudo en la piel de los demás.

Educar el corazón. Cambiar más de zapatos. Reconquistar la empatía. Eso sí que son objetivos ilusionantes, y no conseguir más likes, adelgazar dos kilos o ahorrar lo suficiente para poder comprarnos un bolso de marca. No te conviertas en un burgués triste y narcisista. Sacúdete la comodidad y el egoísmo, tan pegajosos como aburridos. Apúntate a la resistencia. Engorda tu capacidad de amar. Decídete a cambiar más de zapatos.


(Artículo aparecido en Aleteia)

viernes, 12 de abril de 2019

BENEDICTO XVI ESCRIBE SOBRE LA IGLESIA Y LOS ABUSOS SEXUALES


El Papa Emérito Benedicto XVI ha publicado el texto “La Iglesia y los abusos sexuales”, en el que ofrece sus reflexiones sobre la actual situación y expone sus propuestas para enfrentar esta grave crisis.

El texto está dividido en tres partes. En la primera presenta el contexto histórico desde la década de 1960, en la segunda se refiere a los efectos en la vida de los sacerdotes y en la tercera hace una propuesta para una adecuada respuesta de la Iglesia.

martes, 26 de marzo de 2019

EL MEJOR FORMADOR DEL MUNDO

Hace unos días conocíamos la noticia del "Global Teacher Prize", o lo que es lo mismo el Nobel de los profesores. Ha ido a parar a un hermano franciscano keniata, Peter Tabichi, profesor de secundaria de la especialidad de ciencias en un área del país tremendamente desfavorecida.

Lo que más me llama la atención de este profesor es que dedica el 80% de su sueldo en ayudar a los niños más pobres que llegan a su escuela y les proporciona libros, uniformes y materiales necesarios para que puedan tener una educación 

que les permita crecer como personas y llegar a ser aquello con lo que siempre han soñado. Además, confirma a sus padres en la idea de que una educación sólida es algo bueno para sus hijos.

Este profesor, en definitiva, transmite algo más que conocimientos a sus alumnos. Con su actitud, les transmite la convicción que tiene de que podemos tener un mundo mejor pero tenemos que empezar por nosotros mismos, cambiando nuestras actitudes y mirada hacia los demás. Quizá no podamos llegar a lo que ha llegado este humilde profesor franciscano por nuestra situación personal y familiar pero sí que podemos reorientar el rumbo y ofrecernos a aquellos que tenemos alrededor y que pueden necesitar una palabra en algún momento, en alguna circunstancia o problema que puedan atravesar.

San Francisco solía decir que dando es como se recibe y esto es lo que le ha ocurrido al hermano Peter Tabichi: para él su vida es darse, entregarse a los demás en su escuela de secundaria y es así como ha recibido mucho más. Y no me refiero al premio que ha recibido, sino ver levantarse y ser conscientes de su dignidad de personas a los chavales que han pasado por su escuela.
Enhorabuena.

domingo, 24 de marzo de 2019

EL AMOR, ANTÍDOTO AL SUFRIMIENTO, AL DOLOR Y LA ENFERMEDAD


La psiquiatra Marian Rojas ha ofrecido una entrevista al diario La Opinión en la que nos ofrece unas claves para ser felices y para lograr una vida plena. 

Desconectar el teléfono móvil para escapar de los estímulos que nos alteran es el principal consejo a los pacientes que se caen en su diván, incapaces de gestionar sus emociones en plena huida sin éxito del dolor y el sufrimiento que provoca el vacío de sus vidas. Ese desasosiego perjudica gravemente al organismo, hasta el punto de que la toxicidad del odio puede llegar a alterar nuestros genes. «Perdonar es ir al pasado y volver sano y salvo». Acaba de lanzar "Cómo hacer que te pasen cosas buenas" (Espasa) para ayudar a la gente a encontrar la felicidad superando las heridas del pasado y mirando con ilusión al futuro. 

¿Consiste la felicidad únicamente en que nos pasen cosas buenas?

Ese es un pilar para ser feliz o por lo menos para conseguir que lo que te suceda lo interpretes como algo positivo. La vida tiene un gran componente de sufrimiento y de momentos de dolor que son unos ingredientes más de la vida misma. Es un drama dedicar nuestro tiempo a huir del dolor y del sufrimiento.

¿Cómo hay que gestionar el estrés para mejorar nuestro bienestar?

Conociéndose a uno mismo para saber cómo reacciona el cuerpo y la mente ante el estrés. Cuando uno sabe lo que le pasa puede enfrentarse a ello y gestionarlo mejor, porque uno conoce su forma de ser y localiza sus principales focos de estrés.

¿Qué es más importante: controlar la mente o controlar las emociones?

Casi todas las emociones vienen precedidas de un pensamiento. La emoción genera después un impacto en el organismo. A veces no somos capaces de gestionar la emoción, pero podemos educar los pensamientos para capear esas emociones.

Dígame cómo se educa el pensamiento.

Todos tenemos una voz interior comentadora que nos va narrando la jugada: has engordado, tu jefe no te hace caso, esta ciudad es un horror, etc. Cada uno de esos pensamientos genera una emoción y, por lo tanto, un impacto en el organismo. Muchas veces, ante esos pensamientos, nos autoboicoteamos y ponemos a nuestro organismo en modo alerta.

¿Qué hacer entonces?

Educar al pensamiento para que no sea negativo y hablarle de tú a tú.

Déme alguna técnica para no sentirme desbordada por mis emociones.

Desconecte el teléfono. El teléfono es una fuente constante de estímulos que nos alteran porque generan vacío, nos tienen en tensión ante compromisos por contestar y además nos hace creer que todo el mundo es más feliz que tú y más guapo en las redes sociales.

¿Cómo puedo, en definitiva, mejorar mi vida personal, familiar y laboral?

El que se conoce a sí mismo y sabe gestionarse con cierto equilibrio interior mejora a nivel de pareja, profesional, familiar y social. El que vive esclavo de las emociones está perdido, vacío y sin rumbo.

¿Por qué somatizamos nuestros sentimientos?

Las emociones impactan directamente en nuestro organismo y el que se traga sus emociones acaba ahogándose.

¿Qué hay en el fondo de nuestra mente?

La ilusión de ser felices, hallar un estado de plenitud y la necesidad de ser amados.

¿Cómo surgen el optimismo y el pesimismo?

Es la misma forma de ver la realidad pero con diferentes gafas. El pesimista puede nacer o hacerse y el optimismo se puede aprender porque nunca es tarde para reeducar el cerebro.

¿Es lo mismo la felicidad que el bienestar?

No. Un gran amigo mío dice que el bienestar es una sensación física y psicológica que colma los sentidos y la felicidad es el corazón.

¿Qué papel juega el amor en nuestras vidas?

Todo. Es el antídoto al sufrimiento, al dolor y a la enfermedad. Hoy en día todo es de usar y tirar, hasta el amor que parece que requiere de la aprobación inmediata a través de un clic, cuando es todo lo contrario y necesita esfuerzo, constancia, trabajo, delicadeza y paciencia. Hemos cambiado nuestro cerebro y queremos satisfacción instantánea a base de un clic.

¿Por qué el odio es tan determinante en nuestras relaciones sociales?

Tendemos a aliviar nuestra situación viendo lo negativo de los demás. El odio es otro pensamiento tóxico, como el resentimiento, que nos inunda. El odio y el resentimiento son tan tóxicos para el organismo que provocan todo tipo de enfermedades, hasta el punto que alteran nuestros genes.

¿Hay modo de combatirlo?

Sí. Queriendo a la gente e ilusionándose por la vida. Rodeándose de personas-vitamina y aprendiendo a perdonar. Un corazón resentido no puede ser feliz. Perdonar es ir al pasado y volver sano y salvo.

domingo, 10 de febrero de 2019

PROPUESTA PARA LA CRISIS DE NUESTRO TIEMPO


El arzobispo de Los Ángeles, Monseñor José Gómez, ha hecho una propuesta desde la fe para la crisis de nuestro tiempo en un artículo publicado en Aciprensa, en el que trató de la crisis de la persona humana de nuestro tiempo.

Monseñor hizo referencia a los misioneros españoles, que hicieron importantes contribuciones a la tradición humanista de Occidente, profundizaron nuestra comprensión de la Encarnación y sus implicaciones, ayudándonos a ver la santidad y el destino trascendente de toda vida humana hecha a la imagen de Dios y redimida en Jesucristo. Mencionó a los dominicanos Antonio de Montesinos y Bartolomé de las Casas y al franciscano San Junípero Serra. Cada uno de ellos enfrentó un desafío histórico en cuanto a la definición y el significado de la persona humana.

El Arzobispo expuso que enfrentamos un desafío similar en nuestros días. Estamos perdiendo nuestra dimensión religiosa de la persona humana, del carácter sagrado de nuestra personalidad, es decir, de la verdad de que somos criaturas espirituales creadas a imagen de Dios, nacidas con un deseo interno de buscar la verdad y la trascendencia, un deseo que sólo Dios puede satisfacer. La crisis de la persona humana es una crisis referente a la Encarnación. Hemos olvidado la hermosa verdad de que Dios amó tanto al mundo que envió a su Hijo unigénito para salvarnos y revelarnos sus propósitos.

La Encarnación nos revela a un Dios personal que por amor quiere compartir su vida con nosotros. A un Dios que nos ama tanto que se humilló a sí mismo para asumir la carne humana, naciendo del seno materno y criándose en una familia humana, trabajando con manos humanas y compartiendo todas las alegrías y tristezas de la vida humana, incluso los extremos de la vida humana: el sufrimiento físico y emocional y la muerte.

Mario Vittorino, un filósofo y converso del siglo IV, dijo: “Cuando me encontré con Cristo, descubrí mi verdadera humanidad”. Este es el poder del evangelio. En Jesucristo, descubrimos que la vida humana tiene una vocación divina, que nuestra humanidad fue hecha para ser “divinizada”, que fue creada para compartir la propia naturaleza de Dios. En Jesucristo descubrimos que nacemos para “renacer”, como hijos de Dios, como sus hijos e hijas amados.

Desde el principio, la imitación de Jesucristo ha sido la forma básica de la vida y espiritualidad cristianas. Jesús nos llamó a seguirlo, a pensar con su mente, a amar con su corazón, a vivir de acuerdo a sus palabras. San Pablo dijo sencillamente: “Yo imito a Cristo”. Imitar a Jesucristo es darse cuenta de la plenitud de nuestra humanidad, es conocer la perfección humana, es seguir sus pasos, vivir los misterios de su vida, tomarlo realmente como el camino y la verdad de nuestras vidas. El objetivo de imitar a Cristo es “volvernos como Jesús”, ser conscientes de su presencia dentro de nosotros. “Ya no soy yo quien vive, sino Cristo quien vive en mí”, dijo San Pablo.

Este es el poder y la gracia que nos llega a través de la Encarnación. Gracias a que Cristo se humilló a sí mismo para compartir nuestra humanidad, tenemos ahora esta asombrosa posibilidad de compartir su divinidad. Somos criaturas con cuerpo y alma, corazón y conciencia, mente y voluntad, creadas del polvo de la tierra y llenas del aliento de Dios, de su Espíritu. En su amor, Dios nos llama ahora a caminar con Jesús y a compartir su misión, es decir, nos llama a servir en el amor a nuestros hermanos y hermanas, a transformar la ciudad terrenal en el reino de Dios, a darle gloria a Dios con nuestra vida. Esta es la hermosa imagen de persona humana que estamos llamados a proclamar en nuestro tiempo.

martes, 29 de enero de 2019

"LOS MATRIMONIOS UNIDOS Y FIELES REFLEJAN LA IMAGEN Y SEMEJANZA DE DIOS"


El Papa Francisco ha afirmado recientemente que los matrimonios “que viven en unidad y en fidelidad reflejan bien la imagen y la semejanza de Dios”. Aseguró que “la fidelidad es posible, porque es un don”.

El Papa reflexionó sobre los efectos que sobre la institución del matrimonio está teniendo el fenómeno del secularismo: “La sociedad en la que vivimos está cada vez más secularizada, y eso no favorece el crecimiento de la fe”. Como consecuencia, “los fieles católicos tienen cada vez más problemas para testimoniar un estilo de vida según el Evangelio, incluso en lo que afecta al Sacramento del matrimonio”. “Es necesario que la Iglesia, en todas sus articulaciones, actúe para ofrecer un adecuado apoyo espiritual y pastoral”.

Dentro de esa actuación de la Iglesia, el Papa citó dos fuerzas: “unidad y fidelidad”. “Estos dos bienes matrimoniales, de hecho, antes de ser, sobre todo, condiciones jurídicas obligatorias de toda unión conyugal en Cristo, deben ser epifanía de la fe bautismal”, y por ello son esencia “de la misma Iglesia de Cristo”.

Por ello, el Papa insistió en que para que el matrimonio sea válido “se requiere que se establezca en cada uno de los contrayentes una plena unidad y armonía con el otro, con el fin de que, por medio del mutuo intercambio de las respectivas riquezas humanas, morales y espirituales, casi a modo de vasos comunicantes, los dos cónyuges se conviertan en una sola cosa”. “El matrimonio requiere también un compromiso de fidelidad que abarque toda la vida”. No obstante explicó que “unidad y fidelidad son dos valores importantes y necesarios no sólo entre los cónyuges, sino en general en las relaciones interpersonales y en las sociales”. Además, definió estos dos valores como “dos bienes irrenunciables y constitutivos del matrimonio” que “requieren no solo ser explicados adecuadamente a los futuros esposos, sino que solicitan también la acción pastoral de la Iglesia, especialmente la de los obispos y sacerdotes, para acompañar a la familia en las diversas etapas de su formación y desarrollo”.

Esta preparación para el matrimonio debe abarcar “las diferentes etapas de la vida matrimonial de una manera seria y estructural, a través de una formación destinada a aumentar en los cónyuges la conciencia de los valores y de los compromisos propios de su vocación”. También recomendó que “la atención pastoral constante y permanente de la Iglesia por el bien del matrimonio y de la familia requiere ser realizada a través de los diversos medios pastorales: el acercamiento a la Palabra de Dios, especialmente a través de la lectio divina, los encuentros catequéticos, la implicación en la celebración de los sacramentos, especialmente la eucaristía, el coloquio y la dirección espiritual, la participación en los grupos familiares y en el servicio caritativo, para desarrollar la confrontación con otras familias y la apertura a las necesidades de los más desfavorecidos”.

También recordó que los matrimonios adquieren el compromiso de vivir su enlace “en unidad generosa y con amor fiel, sosteniéndose mutuamente con la gracia del Señor y con el apoyo necesario de la comunidad eclesial”. De ese modo, los matrimonios “representan una preciosa ayuda pastoral para la Iglesia. De hecho, ofrecen a todos un ejemplo de amor verdadero y se convierten en testigos y cooperadores de la fecundidad de la Iglesia misma”.

Fuente: Aciprensa

domingo, 13 de enero de 2019

SI NO AMAS A TU HERMANO, NO PUEDES AMAR A DIOS


Esta ha sido una de las homilías del Papa Francisco de esta semana. Siguiendo las palabras del apóstol San Juan en la primera lectura del día, cuando dice “quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve”, Francisco planteó: “Si tú no eres capaz de amar algo que ves, ¿cómo vas a amar a los que no ves? Es una fantasía. Si no eres capaz de amar a Dios en lo concreto, no es cierto que tú ames a Dios”, aseguró. “El espíritu del mundo es un espíritu de división, y cuando se introduce en la familia, en la comunidad, en la sociedad, siempre genera división: siempre. Una vez que se ha introducido esa división, explicó el Papa, “crecen las divisiones y surge el odio y la guerra. El apóstol Juan dice: ‘Si uno dice que ama a Dios pero odia a su hermano, es un mentiroso’, es decir, un hijo del espíritu del mundo, que es pura mentira, pura apariencia”.

“Esta es algo sobre lo cual nos hará bien reflexionar: ¿yo amo a Dios? Pero vayamos a la clave de la cuestión y veamos cómo tú amas a tu hermano”. En este sentido, el Pontífice citó tres señales que indican que una persona no ama a su hermano. “La primera señal requiere que nos preguntemos: ¿rezo por las personas? Por todas, de forma concreta, por aquellas que me son simpáticas y también aquellas que me son antipáticas, por aquellas de los que soy amigo y por aquellos que no soy amigo”.

“Segunda señal: cuando siento en mi interior sentimientos de celos, de envidia, y me viene la necesidad de desear el mal, es una señal de que no amas. Párate ahí. No dejes creces esos sentimientos: son peligrosos. No los dejes crecer”.

Por último, “la señal más cotidiana de que no amo al prójimo y, por lo tanto, de que no puedo amar a Dios, es la habladuría. Metámoslo en el corazón y en la cabeza, claramente: si difundo habladurías, no amo a Dios, porque con las habladurías estoy destruyendo a esa persona”. “Las habladurías son como los caramelos de miel: tomo uno, y otro, y otro, y luego el estómago se estropea con tantos caramelos. Porque es bello, es ‘dulce’ hablar de los demás, parece algo bueno, pero destruye. Y eso es señal de que no amas”.

Ese espíritu del mundo, aseguró el Papa Francisco, “se vence con el espíritu de la fe: creer que Dios está en mi hermano, en mi hermana. La victoria que ha vencido el mundo es nuestra fe. Únicamente con mucha fe se puede avanzar en este camino, no con pensamientos humanos de buen sentido…, no, no: no sirve. Ayudan, pero no sirven para esta lucha”. “Únicamente la fe nos da la fuerza para no difundir habladurías, para rezar por todos, también por los enemigos, y no dejar crecer los sentimientos de celos y envidia. El Señor, con este fragmento de la Primera Carta de San Juan Apóstol, nos pide concreción en el amor”.

“Amar a Dios: pero si no amas a tu hermano, no puedes amar a Dios. Y si dices que amas a tu hermano, pero realmente no lo amas, sino que lo odias, entonces eres un mentiroso”, concluyó el Papa Francisco.

viernes, 4 de enero de 2019

EL PERDÓN A UNO MISMO Y A LOS DEMÁS: UN PROCESO

Perdonar es hacerse un favor a uno mismo, aunque nos han hecho creer que es hacerle un favor a los demás. Perdonar no es olvidar, ni comprender, ni tolerar. Es liberarnos del pasado, conseguir la paz y crecer. 

Este es el artículo de Luis Valdez Castellanos "El perdón a uno mismo y a los demás: un proceso".

lunes, 31 de diciembre de 2018

¿ES COLOSENSES 3, 12-21 UNA LECTURA "MACHISTA"?


Esta fue la Segunda Lectura de la Misa de ayer, Fiesta de la Sagrada Familia:

"Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos, himnos y cánticos inspirados, y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre. 

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados." 

Una de las frases, en una lectura superficial, se tilda al parecer con un "matiz machista", en concreto "Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos"

Esta lectura debe ser considerada en su conjunto, no tomando una frase aislada y sacada de su contexto, en el que encuentra su significado pleno. El segundo párrafo, tal y como lo hemos dispuesto en esta entrada, no se entiende sin el primero. San Pablo se dirige a todo el mundo (cónyuges, hijos, etc...) y nos hace ver que todos tenemos que estar al servicio de los demás, ahí está nuestra paz; los cónyuges, más concretamente, revestidos de bondad, paciencia y humildad entre otras cosas, deben ser sumisos el uno al otro, obedecerse el uno al otro, perdonarse el uno al otro, amarse el uno al otro. Esto es lo que debe constituir la base de las relaciones.

Y todo esto ¿porqué? Porque Cristo se entregó y dió su vida por nosotros en la cruz y el Amor redentor se transforma en amor esponsal. En Cristo los esposos tienen un modelo de amor, de amor gratuito, desinteresado y también exigente que abarca toda la vida matrimonial y que busca la santidad y el bien en el marido y la mujer. De esta manera, los esposos son un signo del Amor de Cristo por su Iglesia y hacen que el sacramento cobre toda su fuerza.

Espero que esta reflexión os haya servido para comprender mejor las palabras del Apóstol de los gentiles. Para los que queráis profundizar, os recomiendo la lectura del quinto ciclo de las Catequesis del Amor Humano de Juan Pablo II.

domingo, 30 de diciembre de 2018

FELIZ DÍA DE LA SAGRADA FAMILIA


Os deseamos un Feliz Día de la Sagrada Familia.

En estos documentos podéis encontrar una formación adecuada sobre la familia. Son concisos y sencillos de leer y un tesoro para toda la Iglesia.



- Catequesis sobre la Familia (Papa Francisco)


Encontraréis más documentos en la pestaña de "Otros recursos".

sábado, 29 de diciembre de 2018

APRENDER A PERDONAR



En estos días de Navidad que estamos viviendo se hace necesaria la reflexión sobre "aprender a perdonar". Si Dios, a pesar de nuestras infidelidades nos perdona una deuda enorme y nos salva mediante su Hijo, ¿no perdonaremos nosotros una deuda más pequeña a nuestros hermanos?

Este artículo de Jutta Burggraf nos permite reflexionar sobre cómo reaccionamos y las actitudes que nos ayudan a perdonar.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO SOBRE EL SENTIDO DE LA NAVIDAD


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Dentro de seis días será Navidad. Árboles, decoraciones y luces por todas partes recuerdan que también este año será una fiesta. La máquina publicitaria invita a intercambiar siempre nuevos regalos para sorprenderse. Pero, me pregunto ¿es esta la fiesta que agrada a Dios? ¿Qué Navidad le gustaría, qué regalos y qué sorpresas?

Observemos la primera Navidad de la historia para descubrir los gustos de Dios. Esa primera Navidad de la historia estuvo llena de sorpresas. Comenzamos con María, que era la esposa prometida de José: llega el ángel y cambia su vida. De virgen será madre. Seguimos con José, llamado a ser el padre de un niño sin generarlo.

Un hijo que, -golpe de efecto-, llega en el momento menos indicado, es decir, cuando María y José estaban prometidos y, de acuerdo con la Ley, no podían cohabitar. Ante el escándalo, el sentido común de la época invitaba a José a repudiar a María y salvar así su buena reputación, pero él, si bien tuviera derecho, sorprende: para no hacer daño a María piensa despedirla en secreto, a costa de perder su reputación. Luego, otra sorpresa: Dios en un sueño cambia sus planes y le pide que tome a María con él.

Una vez nacido Jesús, cuando tenía sus proyectos para la familia, otra vez en sueños le dicen que se levante y vaya a Egipto. En resumen, la Navidad trae cambios inesperados de vida. Y si queremos vivir la Navidad, tenemos que abrir el corazón y estar dispuestos a las sorpresas, es decir, a un cambio de vida inesperado.

Pero cuando llega la sorpresa más grande es en Nochebuena: el Altísimo es un niño pequeño. La Palabra divina es un infante, que significa literalmente "incapaz de hablar". Y la palabra divina se volvió incapaz de hablar.

Para recibir al Salvador no están las autoridades de la época, o del lugar, o los embajadores: no, son simples pastores que, sorprendidos por los ángeles mientras trabajaban de noche, acuden sin demora. ¿Quién lo habría esperado? La Navidad es celebrar lo inédito de Dios, o, mejor dicho, es celebrar a un Dios inédito, que cambia nuestra lógica y nuestras expectativas.

Celebrar la Navidad, es, entonces, dar la bienvenida a las sorpresas del Cielo en la tierra. No se puedes vivir "tierra, tierra", cuando el Cielo trae sus noticias al mundo. La Navidad inaugura una nueva era, donde la vida no se planifica, sino que se da; donde ya no se vive para uno mismo, según los propios gustos, sino para Dios y con Dios, porque desde Navidad Dios es el Dios con nosotros, que vive con nosotros, que camina con nosotros. Vivir la Navidad es dejarse sacudir por su sorprendente novedad.

La Navidad de Jesús no ofrece el calor seguro de la chimenea, sino el escalofrío divino que sacude la historia. La Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la simplicidad sobre la abundancia, del silencio sobre el alboroto, de la oración sobre "mi tiempo", de Dios sobre mi "yo".

Celebrar la Navidad es hacer como Jesús, venido para nosotros, los necesitados, y bajar hacia aquellos que nos necesitan. Es hacer como María: fiarse, dócil a Dios, incluso sin entender lo que Él hará. Celebrar la Navidad es hacer como José: levantarsepara realizar lo que Dios quiere, incluso si no está de acuerdo con nuestros planes.

San José es sorprendente: nunca habla en el Evangelio: no hay una sola palabra de José en el Evangelio; y el Señor le habla en silencio, le habla precisamente en sueños. Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al estruendo del consumismo. Si sabemos estar en silencio frente al Belén, la Navidad será una sorpresa para nosotros, no algo que ya hayamos visto. Estar en silencio ante el Belén: esta es la invitación para Navidad. Tómate algo de tiempo, ponte delante del Belén y permanece en silencio. Y sentirás, verás la sorpresa.

Desgraciadamente, sin embargo, nos podemos equivocar de fiesta, y prefiere las cosas usuales de la tierra a las novedades del Cielo. Si la Navidad es solo una buena fiesta tradicional, donde nosotros y no Él estamos en el centro, será una oportunidad perdida. Por favor, ¡no mundanicemos la Navidad! No dejemos de lado al Festejado, como entonces, cuando "vino entre los suyos, y los suyos no le recibieron".

Desde el primer Evangelio de Adviento, el Señor nos ha puesto en guardia, pidiéndonos que no nos cargásemos con "libertinajes" y "preocupaciones de la vida" (Lc 21,34). Durante estos días se corre, tal vez como nunca durante el año. Pero así se hace lo contrario de lo que Jesús quiere. Culpamos a las muchas cosas que llenan los días, al mundo que va rápido. Y, sin embargo, Jesús no culpó al mundo, nos pidió que no nos dejásemos arrastrar, que velásemos en todo momento rezando.

He aquí, será Navidad si, como José, daremos espacio al silencio; si, como María, diremos "aquí estoy" a Dios; si, como Jesús, estaremos cerca de los que están solos, si, como los pastores, dejaremos nuestros recintos para estar con Jesús. Será Navidad, si encontramos la luz en la pobre gruta de Belén. No será Navidad si buscamos el resplandor del mundo, si nos llenamos de regalos, comidas y cenas, pero no ayudamos al menos a un pobre, que se parece a Dios, porque en Navidad Dios vino pobre.

Queridos hermanos y hermanas, ¡os deseo una Feliz Navidad, una Navidad rica en las sorpresas de Jesús! Pueden parecer sorpresas incómodas, pero son los gustos de Dios. Si los hacemos nuestros, nos daremos a nosotros mismos una sorpresa maravillosa. Cada uno de nosotros tiene escondida en el corazón la capacidad de sorprenderse. Dejémonos sorprender por Jesús en esta Navidad.